Recupero la escritura después de tiempo de haberla dejado de lado. Enero pasó de largo con muchas cosas pero todo con tanta rapidez que, si quiero recordarlas, debería apuntarlas una a una. Cuando acabe Febrero se cumplirá un año de estar en Madrid. Y cuando eso suceda, muchas de las cosas que creía imposibles o lejanas, se habrán convertido en realidad.
(Hace un frío de muerte. No me acostumbro a que Enero y Febrero sean fríos.)
El cansancio es mi peor enemigo. El que produce mi mayor desconcierto. El que me hace accionar sin pensar. Ahora. Como un árbol que se tuerce para caer, me coloco debajo de él para empujarlo a que vuelva a donde estaba. A que no caiga. Y no me caigo. Puedo torcerme, pero no caerme, porque siempre quiero un poco más. Y hacia eso voy. Con ambición cautelosa. Respiro hondo, lleno mis pulmones y salgo otra vez al frío seco de una ciudad que me acoge como propia. Y acciono con el riesgo a equivocarme. Dejando de cargar con la duda y el miedo de lo que pudo haber sido. Solo soy. Solo dejo que sea. Porque en ese ser/estar no hay mentiras ni cosas escondidas. Así tenía que ser. Así es.
A veces solo hay que dejar que fluya...
Extraño el sol.
Bello, muy vos. De este lado los eneros y febreros siguen agobiantes. El sol brilla incesante, pero su luz no llega a transmitir todo lo que vos con tus palabras. Percibo cansancio, pero también sabor a metas cumplidas y a esa sensacion que le da a uno mirarse al espejo con la tranquilidad y el placer de haber hecho lo que le hace feliz!
ResponderEliminarTe extraño siempre!